martes, 21 de febrero de 2017

Popurrí de Febrero.

Bueno, por petición popular (significando popular, que me lo ha pedido mi #mariditosexy), voy a actualizar porque se me acaba el mes y no he contado na de na. Ahí va un popurrí de los buenos.

El sábado estuvimos en la nieve. Fue la primera vez de la peque. Y guay, se lo pasó bastante bien y flipó mucho. Intentamos subir al puerto de la Morcuera pero había habido un accidente y nos quedamos a medio camino. No había mucha nieve pero sí la suficiente para jugar un poco con la chiquinina. Tendremos que comprar un trineo para que lo flipe del todo. Luego comimos en Miraflores y nos pusimos bastante gochos.

El sábado también conocimos al churri de Andrea (ponga emoticono de "el grito" aquí). Muy majo él. A pesar del corte (mío por lo menos) nos lo pasamos muy bien, hicimos cenita en casa y estuvimos hasta las mil. Lo malo fue tener que madrugar el domingo habiendo dormido solo cinco horas y habiendo bebido varias copas de Albariño. Pero la peque no perdona sus siete de la mañana sea el día de la semana que sea...

Voy a apuntarme a yoga. Llevaba tiempo buscando en Alcorcón un sitio que no estuviera muy lejos de casa y que me cuadrase el horario con el de Dani. He visto varios, pero los sitios que mezclan yoga con esoterismo no me van mucho. Ayer encontré un sitio de pilates que también hacen Hatha Yoga y de horario y precio me cuadra. Ahora sólo me falta ir. Y que me guste. Y mantenerme... XD En fin, que quería hacer algo para mí, tener mi momento semanal para mimarme, y si encima puedo hacer algo con mi cuerpo escombro, mejor que mejor.

Y hablando de clases, ya llevamos tres clases de música para bebés y nos encanta. La chiquinina lo disfruta muchísimo, es decirle que vamos a ir a cantar y bailar y se pone muy contenta. En las clases cantamos, bailamos, hacen juegos con música, cuentos, tocamos instrumentos... Se nos pasa el tiempo volando, así que estoy muy contenta de haber empezado esta actividad con la peque.

Este finde es carnaval. El jueves la peque tiene que ir disfrazada al cole, y vamos a ver si la apañamos de médico con los complementos que le regalaron en navidad de Peppa Pig (fonendo, jeringa, termómetro, botiquín...). A ver cómo apañamos una bata o un pijama verde y ya está. También teníamos en mente disfraces frikis en familia pero no sé si al final nos animaremos: la peque de Leia, Dani de Obi Wan y yo de Han Solo. Molaría, aunque solo fuera para sacarnos una foto XD

Y que ya se me ha pasado el mes. Quedan cuatro semanas escasas para que empiece la primavera. Y ya estoy planificando escapadas y vacaciones de aquí a verano. En principio vamos a ir a Cuenca, al sur de Francia y al pueblico, si Dani se deja. Aunque se resiste siempre un poco, luego le gusta viajar casi tanto como a mí. Y a ver si le seguimos dando a las escapadas de sábado o domingo, que empezamos en otoño pero lo hemos abandonado otra vez.

Y ya. A ver si no dejo abandonado el blog guanmortaim.

viernes, 3 de febrero de 2017

De la niña del exorcista, segunda parte.

Siento el tema escatológico pero... Dos veces. Y en el coche. Estoy traumatizada.

#nohasefaltadesirnadamás

En fin, que en menos de tres semanas hemos tenido dos accidentes de vomitona incontrolada e incontrolable en el coche. ¡Afú! La primera la entiendo, fue después de una tarde en casa de unos amigos y la peque se pasó toda la tarde picoteando. Luego la bajamos al coche y se debió quedar fría, y cuando se estaba durmiendo pues para fuera que fue todo. Menos mal que estábamos ya en la puerta de casa. Paramos, limpiamos lo que pudimos con toallitas, y me la subí a casa a cambiar toda la ropa y a dormir. De la silla del coche sólo hubo que lavar los reductores que lleva.

Y esta segunda vez ha sido más show aún. Vomitona enoooorme a diez minutos de casa. La niña hasta arriba, la silla hasta arriba... Por suerte el coche ha sobrevivido en las dos ocasiones. Tuvimos que cambiarla de ropa en el coche y llevarla a casa a pie en el carro porque no había manera de limpiar la silla más que desenfundándola entera y dándole un aclarado en la ducha y a la lavadora junto con toda la ropa que llevaba puesta la chiquinina. Todavía no me puedo creer que salga tanto de un cuerpo tan pequeño...

En fin, que aparte del coñazo que es tener que limpiar la silla del coche (bastante peor que cambiar las sábanas), se te queda mal cuerpo un buen rato y además de la preocupación de si estará mala, si soy una malamadre que deja que su hija se empache a comer, si conduzco como el culo (porque las dos veces iba yo conduciendo), si está empezando a marearse en el coche (es muy pequeña aún, ¿¿¿no???), y de temer cuando será el siguiente festival exorcista :(

Pues eso, que menos mal que es viernes. Ale, a disfrutar y perdón por el desahogo asqueroso (pero ya saben, es mi blog y me lo f*llo cuando quiero).

miércoles, 1 de febrero de 2017

Inesperadas pero bienvenidas (y muy cortas).

Hace un par de semanas mi suegra estuvo ingresada unos días. Como me correspondían días por el ingreso, el día que me escribió mi jefe no estaba en el trabajo. Después de leer el correo, escribí a Dani.

(Recreación libre de la conversación)

-Mira lo que me dice mi jefe, que me quedan tres días de vacaciones del año pasado.
-¿Y eso?
-Pues no sé. Se habrán confundido al contabilizarlas. Como me incorporé en marzo de la excedencia lo mismo no lo han tenido en cuenta.
-Bueno.
-Pero vamos, que si me quieren regalar tres días de vacaciones no me voy a negar.
-Jajaja
-Jejeje
-¡O los que hagan falta!
-Jajaja
-Jejeje

...

Al día siguiente fui a trabajar y miré los días que había pedido de vacaciones el año pasado... Y la que se había confundido al contar fui yo. Gilipollas. Tras varios días cagandome en tó porque me he pasado las navidades currando como una tonta cuando podía haber tenido días libres, y de cachondeo por varios frentes, la semana pasada me cogí los tres días que me quedaban.

Tras luchar contra mi culpabilidad de madre (las madres nos sentimos culpables por todo, va con el gen que se activa en el parto) decidí que la chiquinina iba a ir a la guardería mientras yo aprovechaba los tres días. Primero para dormir. No mucho, porque el cuerpo no está acostumbrado a tanto sueño y me daba miedo morir de sobredosis de descanso en la cama, pero sus dos horitas más todas las mañanas, cuando Dani se llevaba a la peque a la guarde, han caído. Tengo que decir también que nos ha sorprendido lo bien que ha llevado la chiquinina el irse con papá al cole y que mamá se quedase en casa.

Bueno, pues el miércoles aproveché que Andrea tenía día libre también y nos fuimos al cine (sesión matinal) y después a comer a un japo. Fuimos por la mañana porque a las cuatro sale la peque del cole, claro. El jueves me quedé en casa leyendo, me di un baño y me dediqué un rato a mí misma. Sesión spa casera, que hacía como dos años que no tenía un rato así yo sola. Y el viernes me fui de compras y a comer con mi madre, que hacía mucho tiempo que no pasábamos una mañana así y se echa de menos.

Total, que no hice nada especial, pero me han venido de lujo estos tres días inesperados. Así no se me hace tan larga la espera de estas semanas hasta el puente de marzo.

Eso sí, la vuelta a la normalidad entre mala y horrorosa. Qué malo es trabajar. Ains.

jueves, 19 de enero de 2017

Cosas que te encuentras en los bolsillos siendo madre (y padre).

Hoy voy a hablar de la maravillosa aventura que es meter la mano en un bolsillo cuando eres madre. ¡Nunca sabes qué te vas a encontrar! Es vivir en la incertidumbre perpetua XD

Son cosas que meto conscientemente en el bolsillo (normalmente del abrigo) porque no tengo manos suficientes o no puedo buscar una papelera en ese momento. Luego se me olvida que lo he guardado ahí y cuando vuelvo a meter la mano en el bolsillo... ¡Sorpresa!

Y como soy un poco cuadriculada y hace mucho que no le doy a las listas (con lo que me gustan), aquí va la mía:

  • Migas. Siempre tengo migas en los bolsillos.
  • Un trozo de galleta o de pico chuperreteado (esto explica lo de las migas).
  • Unas manoplas talla bebé.
  • Una piedra, o un palo, o una hoja seca, o un trozo de piña...
  • Un currusco de pan duro (esto también explica las migas).
  • Unos patucos de Bebé (el muñeco de Sofía).
  • Una pintura o una cera.
  • Una toallita seca (es decir, inservible).
  • Una toallita húmeda (que no sé si es peor).
  • Un kleenex lleno de mocos y/o babas.
  • Una sorpresa del roscón de reyes.
  • Una pinza de la ropa.
  • Una pieza de fruta mordisqueada.
  • Una mini-goma del pelo o una mini-horquilla.
  • Una bolsa de gusanitos o de aspitos, vacía o a medias (más migas).
  • Una pegatina llena de pelusas y pelos por el lado adhesivo.
  • Un trozo de sándwich mordido.

Y hasta aquí la chorrada de hoy.

Probablemente escriba otra entrada con cosas que me encuentro en el bolso. O no :P

domingo, 15 de enero de 2017

Lisboa, muito bem.

He tardado unas semanas, pero es que se me ha echado la navidad encima. Más vale tarde que nunca, así que aquí va un pequeño resumen de nuestro viaje de tres días en Lisboa.

Es alucinante lo poco que conocemos en general Portugal los españoles, con lo cerca que lo tenemos. Yo fui con mis padres de pequeña, pero no recordaba mucho en concreto. Tenía recuerdos de polos de limón que sabían a piña, de playas blancas, de pan con mantequilla antes de comer, de gallos que cambian de color, de rodaballos enormes... Pero ha sido en este viaje, de adulta, cuando me he dado cuenta de que casi no conozco nada de un país que merece mucho la pena. Y más cerca no puede estar, y más cercano (que no es lo mismo) no puede ser.

El viernes teníamos el vuelo a las diez menos diez de la noche. A mediodía el señor Google me avisó que el vuelo de Easyjet iba a salir con una hora de retraso, pero en la página de Aena no ponía nada. Por la tarde terminamos de hacer las maletas y sobre las siete salimos de casa. Fuimos en nuestro coche y lo dejamos en el parking de larga estancia, que nos costó 33€, menos que un taxi y casi igual que el metro ida y vuelta desde Alcorcón, y muchísimo más cómodo. Últimamente lo usamos bastante porque suele ser económico y muy cómodo para ir y volver del aeropuerto con la chiquinina. Cogemos el minibus del parking y a las ocho estamos en la T1. Pasamos el control de seguridad por la zona de niños (sin colas) y vamos a la puerta de embarque. Al rato sí que pone que vamos a embarcar casi una hora más tarde... El señor Google tenía razón, ains. Buscamos un sitio para cenar algo, pero está todo cerrado, así que compramos unos sándwiches y bebidas en la máquina y esperamos pacientemente. Cuando nos toca embarcar lo hacemos de los primeros. El vuelo es muy corto y se pasa rápido y la peque se queda dormida poco antes de aterrizar. La metemos en la mochila y está dormida todo el trayecto hasta el hotel, que está en la parada de metro de Restauradores. El metro nos cuesta 1,40€ más cincuenta céntimos de la tarjeta recargable y tardamos un poco más de media hora en llegar al hotel.

El hotel es el Turim Restauradores, un tres estrellas bastante moderno y con muy buena ubicación. Nos costó 45€ la noche más la tasa de turismo, que es un euro por adulto y noche, en total 188€ las cuatro noches. Tiene dos camas de noventa pegadas y una cuna de viaje con un buen colchón. El baño está bien, renovado y bastante limpio, con ducha. Según llegamos al hotel, tiramos el equipaje, nos ponemos el pijama y a dormir, que son más de las doce, hora de allí.

Vistas del elevador de Gloria desde la habitación.
Al día siguiente como a las nueve estamos arriba. No tenemos desayuno en el hotel, así que nos preparamos y salimos a buscar alguna cafetería. Otra cosa no, pero en Lisboa les debe encantar tomar café con bollos, porque está lleno de sitios así. Está lloviendo bastante, así que nos pertrechamos con los impermeables y el paraguas. En la misma plaza de Restauradores, a 100 metros del hotel desayunamos en un sitio que se llama Taverna Imperial. El camarero muy majo nos pone dos cafés con leche muy ricos, dos zumos de naranja natural y dos croisants, todo por once euros. La peque se pone morada de zumo y croisant, y eso que ha desayunado leche con cereales en la habitación de hotel. Una vez que hemos cogido fuerzas, parece que ha parado un poco de llover, así que vamos paseando y vemos la estación de Rossio, el elevador de Santa Justa, bajamos por la rúa Augusta hasta el arco del triunfo y la plaza del Comercio. Como de costumbre, la chiquinina se echa su siesta mañanera en la mochila.

Desayuno lisboeta completo. 
Elevador de Santa Justa
Rúa Augusta.
Foto de Dani. 
Arco desde la plaza del Comercio. 
Cuando estamos en la plaza, empieza a llover otra vez. Queremos subir a ver el Barrio Alto, pero no queremos andar mucho, así que vamos otra vez hasta la estación de Baixa-Chiado, recargamos las tarjetas con un pase de 24 horas y aprovechamos las escaleras mecánicas que suben hasta Largo Chiado. Vemos el elevador da Bica y nos acercamos al mirador de Santa Catalina. Mientras estamos en el mirador comenzó el diluvio universal. Nos metemos en un bar que estaba a cien metros de allí y llegamos completamente empapados. Nos tomamos una cerveza y una coca cola, y media hora después sigue lloviendo a mares.

Elevador da Bica
Calles del barrio Alto
Vistas desde Santa Catalina. 
Decidimos volver a comer cerca del hotel para poder refugiarnos si no deja de llover. Comemos en O Pinoquio, en la plaza de los Restauradores. Este sitio me lo dijo mi padre, que ya iban mis padres a comer allí cuando visitaban Lisboa hace años. Comimos Dani un solomillo de cerdo al ajillo y la peque y yo un arroz caldoso con bacalao, más bebidas y postre. Después de comer sigue cayendo la del pulpo. Subimos en el elevador de Gracia, que está a veinte metros de nuestro hotel, y vamos al mirador de San Pedro de Alcántara. Intentamos también entrar en la iglesia de San Roque, pero hay algo dentro y no nos dejan entrar. Así que, como estamos empapados de pies a cabeza, no tiene pinta de dejar de llover y está anocheciendo, decidimos volver al hotel a secarnos y descansar.
Arroz con bacalao. 
Elevador de Gloria. 
Moñeamos un rato en el hotel, secos y calentitos. Yo me quedo dormida un rato y todo mientras la peque ve Peppa Pig con su papá. A las siete y pico nos da tanta pereza salir (sigue jarreando agua), que bajamos al bar del hotel, nos tomamos una cerveza y cenamos después en el mismo restaurante del hotel, que es un italiano que no está mal. La comida bien, tienen trona y nos calientan un potito para la chiquinina. Después de cenar volvemos a la habitación y a dormir pronto, a ver si podemos aprovechar el domingo.

El domingo se levanta lloviendo guanmortaim. La peque no amanece muy temprano, como a las nueve, así que aprovechamos para dormir. El sábado nos mojamos tanto que las zapatillas todavía están húmedas, pero como sigue lloviendo tampoco pasa nada, se van a volver a mojar. Nos preparamos y bajamos a desayunar otra vez a la Taverna Imperial. Ese día probamos los pasteis de nata, muy ricos. Cuando terminamos de desayunar, como tenemos el abono de 24 horas del día anterior y llueve bastante, cogemos el metro para dos paradas (y con un transbordo, somos asín). No nos va mal, porque cuando salimos en la plaza Figueira ya no llueve tanto. La idea es coger el tranvía 12 para subir al castillo, pero como llueve, hay bastante cola para cogerlo. Así que nos ponemos a andar hacia la Sé, la catedral. De camino la chiquinina se queda sopa, no perdona su siesta mañanera. Vemos la iglesia de la Magdalena, y cuando salimos justo pasa un microbús que pone que sube al castillo, así que lo cogemos y dejamos la Sé para cuando bajemos. El microbús nos deja en la puerta del castillo, pagamos la entrada y vamos para dentro. El castillo está bien, pero lo mejor son las vistas. Mientras estamos allí deja de llover y sale el sol. A ver si se arregla el tiempo.

Arco de entrada al Castillo.
Vistas desde el castillo.
Elevador de Santa Justa.
Plaza del Comercio.
Dentro del castillo.
Cuando nos aburrimos de vagar por el castillo, salimos y vamos bajando hacia Alfama. Damos una vuelta y nos asomamos al mirador de Portas do Sol, preciosas vistas. Seguimos bajando y vemos la Sé antes de plantearnos buscar un sitio para comer. Al final terminamos muy cerca de donde comimos el día anterior, y del hotel, en el restaurante Solar du Bacallhau, donde tienen plato del día. Dani comparte con Sofía un pollo a la brasa y yo tomo Bacallhau a bras. También compartimos media botella de vinho verde, que es parecido al Albariño. Muy rico todo. Después de comer volvemos a subir al barrio Alto. Damos un paseo, porque el día anterior con la que caía no vimos mucho. Aquí se nota más la decadencia de la que hablan los que han estado en Lisboa. Bajamos por el elevador de Santa Justa, porque para subir hay más cola y nos apetece verlo por dentro. Además sirve el mismo bono que para el resto de transporte público. Acabamos de nuevo en el mirador de San Pedro de Alcántara, en una terraza tomando algo mientras vemos como atardece sobre el castillo. Precioso. Bajamos al hotel en el elevador y cenamos otra vez en el restaurante del hotel porque estamos cansados y no nos apetece buscar nada.
Vistas de Alfama desde Portas do Sol.
Más vistas
Buganvilla, azulejos y vistas del Tajo.
Más buganvilla.
El tranvía y la Sé al fondo.
La Sé.
El elevador de Santa Justa desde el barrio Alto.
El pasillo superior del elevador.
Fachadas de azulejos.
Vistas al atardecer desde San Pedro de Alcántara.
Vistas de noche.
El lunes nos levantamos aún más tarde y no vamos a desayunar casi hasta las once. Por fin hace bueno y ha salido el sol. El plan es pasar el día en Belem. Como no lo miro bien, cogemos el tren en lugar de coger el tranvía, que nos hubiera servido la tarjeta de transporte. En fin, son cosas que pasan. Vamos en metro hasta Cais do Sodré y allí cogemos el tren hasta Belem. De camino pasamos por debajo del puente del 25 de Abril y es espectacular verlo tan cerca. A la chiquinina le gusta mucho el viaje en tren. Una vez en la parada, vemos el monumento a los descubridores y la torre de Belem, mientras damos un buen paseo por la orilla del Tajo. Vamos a ratos sin el abrigo porque hace muy buena temperatura, y la chiquinina aprovecha para corretear por todas partes, después de dos días de ir en la mochila mucho rato, por la lluvia. Después pasamos por el monasterio de los Jerónimos que está cerrado, así que no podemos verlo por dentro, pero por fuera es espectacular. Comemos en un sitio de bocadillos que está al lado. Después de comer nos sentamos un rato en el jardín que hay frente al monasterio porque la peque reclama teta. Y como nosotros tampoco hemos tomado postre, cuando ella termina, vamos a tomar un café con pastéis al sitio más famoso de Lisboa. No hay mucha cola para sentarse, pero tenemos que esperar unos diez minutos. Pedimos cafés y pasteles, que realmente se merecen su fama, están de muerte. Y cuando terminamos, con el estómago contento, volvemos a coger el tren porque hemos comprado un billete de ida y vuelta. Desde Cais do Sodré damos un paseo hacia el hotel, porque la peque no se ha echado aún la siesta y al final se queda dormida en la mochila.

El puente del 25 de Abril y el monumento a los descubridores.
La torre de Belem
Monasterio de los Jerónimos.


Con el paseo descubrimos una calle llena de restaurantes muy cerca del hotel, la rúa das Portas de Santo Antonio. Nos sentamos un rato en una terraza a tomar un vino, y cuando la niña se despierta vamos al hotel a cambiarle el pañal y descansar un rato. Salimos a cenar a un sitio que hemos fichado en la calle de los restaurantes, que se llama O Churrasco. Os podéis imaginar lo que cenamos: un chuletón a la brasa para los dos con patatas y ensalada, y media botella de vino, todo buenísimo. Y además muy barato, creo que no llegó a los treinta euros, y tenían trona para Sofía, no se puede pedir más. Después de cenar nos volvemos al hotel, hacemos las maletas y a dormir.

El martes nos levantamos tranquilamente porque tenemos que estar en el aeropuerto a la una, más o menos. Desayunamos donde todos los días, en la Taverna Imperial, y después hacemos check out en el hotel. Ya está pagado, así que solo hay que dejar la llave. Cogemos el metro hasta el aeropuerto y después el autobús hasta la terminal 2, que es la de los vuelos low cost. Aún así llegamos bastante pronto a la terminal. Pasamos el control de seguridad casi solos y ya en la terminal comemos algo en un burguer porque no hay mucho para elegir. El vuelo sale como a las tres y llegamos a Madrid a las cinco y pico. Como no hemos facturado, vamos directos a coger el bus del parking de larga estancia. Una vez allí pagamos, cogemos el coche y en media hora estamos en casa.

Y ya. Que nos lo pasamos muy bien en Lisboa y nos gustó mucho. La ciudad tiene es bonita, tiene mucha personalidad y encanto, y los lisboetas son muy majos y cercanos. La comida y la bebida estupendas. Lo único que nos falló un poco fue el tiempo, pero si a pesar de lo que nos llovió nos ha gustado tanto, será porque es una ciudad especial. Seguro que en el futuro repetiremos, además yo me quedé con ganas de conocer los alrededores de Lisboa, así que tenemos excusa ;)