Pereza en abundancia y al gusto. Cuatro partes de sueño (una parte puede sustituirse por siesta). Comida de mamá o de suegra que, inevitablemente, será también abundante. Bebida alcohólica en su justa medida. Un sofá bien cómodo. Mimos y risas a partes iguales, en cantidad al gusto de cada uno. Dos tazas de sol y cielo azul intenso. Un ambiente a temperatura suave. Buena compañía con quien compartir todo lo anterior.
Preparación:
Despiertese con pereza infinita, muy despacio y preferiblemente después de haber agotado todo el sueño y utilizando parte de los mimos disponibles. Tómese un desayuno lento y abundante, a base de café y tostadas (o cualquier otra variante a gusto de cada cual). Si no se sufre de excesivo sueño o resaca, puede plantearse una caña o vermut antes de comer. Si esto ocurre, disfrute del sol y de la buena temperatura. A la hora de comer, diríjase a casa de su madre, suegra, o cualquier familiar con quien le apetezca compartir una buena sobremesa (aunque a veces uno prefiere quedarse en casa o salir fuera a su restaurante favorito). Coma hasta casi reventar y disfrute de la comida casera (que suele llevar cien gramos de amor, sobre todo si es de mamá).
Tras la comida se cuece una siesta o un buen periodo de descanso en el sofá. Tras unas dos horas de digestión a fuego medio, con el cuerpo cubierto por una mantita, podemos decidir cómo rematar el plato. Una opción puede ser salir de cervezas (vinos, cafés, merienda, excursión, cine, etc) con la mejor compañía posible. Otra opción sería terminar de pasar la tarde en el sofá con el resto de vaguería que nos quede sin utilizar.
Procurar no recordar en ningún momento que al día siguiente hay que trabajar. Adornar con tiempo de televisión y/o Internet al gusto.
Hay una curiosa teoría de la conspiración acerca de la autoría de este poema. Yo no quiero entrar en esos debates, sólo disfrutar de la sabiduría y tristeza de estos versos.
Instantes, de J.L. Borges. Si pudiera vivir nuevamente mi vida. En la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante. Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
Volvía yo ayer en el cercanías a los Alcorcones, con mi maleta de vuelta de Atocha. Cuando fui a salir por el torno de la estación, yo misma salí pero el torno se cerró antes de pasar mi maleta. Así que allí estaba hecha un cristo: yo por fuera, mi maleta por dentro y el torno que no se quería abrir ni de coña. Mi cara de angustia debía ser un poema.
Cuando miré a mi alrededor para ver si localizaba a algún trabajador/segurata/revisor vi que se acercaba a mi un chaval como recién salido de la adolescencia o todavía en ello. Su aspecto era un poco como de delincuente juvenil bastante aficionado a sustancias no del todo legales. Se acercó a mi y me dijo Espera que te ayudo. Y yo dije ¿Me ayudas? Mitad pregunta, mitad irónico.
El chaval saltó el torno de al lado porque yo aún tenía agarrada la maleta como si fuera mi propia vida. Cogió mi maleta (no sin dificultad porque me costó soltarla) y me dijo Vente por aquí que esa puerta está abierta (la puerta que se usa para los carritos de bebé y esas cosas). Total, que el chaval me devolvió mi maleta y yo me quedé cómo una gilipollas diciéndole Gracias, gracias, muchas gracias de verdad, menos mal que me has ayudado, muchísimas gracias... más disculpandome por haber sido una malpensada que por lo que el chaval hizo.
Y mientras andaba hacia casa me propuse a mi misma intentar no ser tan prejuiciosa con mis vecinos de barrio. Vergüenza me da, yo que intento siempre quitarle a la gente sus prejuicios sobre los enfermos mentales y no me puedo quitar los míos sobre los quinquis alcorconeros... Intentaré hacer lo propio.
Sí, inmailaif hay algunos cambios nuevos y molones que me gustaría compartir en éste, mi blog. La mayoría de ellos están consiguiendo que a una buena amiga le salga una úlcera galopante, pero el fútbol es asín (sononcecontraonce, nohayrivalpequeño...), nos hacemos adultos y no hay marcha atrás :P
Lo primero y más importante: hay un nuevo miembro en mi pequeña y hasta ahora bipersonal familia. Dani y aquí la menda hemos adoptado un conejito, que es lo más bonico que he visto en mucho tiempo. Es un conejo enano, que ya tiene cuatro añitos, y que se ha convertido en el juguete de nuestra casa. Juguete en doble sentido, porque nos pasamos el día jugando con él y porque a veces parece un peluche. Mola un montón, y como dice Dani tiene un mantenimiento mínimo: le damos de comer una vez al día, le limpiamos la jaula cada dos días, él mismo se asea y se mantiene limpio, y lo único que pide son muchas caricias y cariñitos ^^
Por otro lado, unos amigos fueron papás la semana pasada. Mi petrificado instinto maternal continúa en similar estado, sobre todo después de que una amiga te cuente como se le queda a una el cuerpo después de parir... Ains, qué pereza más grande, creo que mi cuerpo no está hecho pa sufrir... Pero bueno, luego vas a ver al bebecito, es una cosita pequeñísima y monísima, te dejan cogerlo y hacerle cucamonas un rato, y el instinto se despetrifica ligeramente... Hasta que Dani me mira con cara de pensar "acuérdate de la madre hace una semana", y yo vuelvo a mi ser natural (no sin antes chincharle un poco, claro).
Y por último, pero no menos importante, ya he terminado mi rotación en la interconsulta del hospital. Por un lado me alegro, porque el ritmo de trabajo a veces es infernal, porque se ven cosas muy chungas y porque no me gusta la PsicoOncologia. Pero por otro lado, creo que en estos cuatro meses he aprendido muchas cosas que no hubiese podido aprender en cualquier otra rotación. Ahora me voy a rotar a un recurso para enfermos mentales crónicos y graves, pero, por lo que me chivó mi R mayor, voy a estar mucho más relajada y con un ritmo de trabajo casi vacacional :)
Bueno, me invento el verbo festivalear para contar al mundo (o al que lea esto, que tampoco hay que exagerar), que hace unos días fui a mi primer festival de música para modernillos. No ha sido el FIB, claro está, pero nos ha servido de entrenamiento para el próximo verano ir al Sonorama o al Low Cost Festival. Pues eso, que el viernes nada más salir del trabajo cogimos la carretera rumbo a Miranda de Ebro, o más concretamente al...
Allí he aprendido tres cosas: a) que mola ir de festival pero es muy cansado, b) que los modernillos dan un poco de asquete (sobre todo los que dicen que escuchar Vainica Doble ahora es lo más mientras te miran por encima del hombro... totalmente verídico, lo juro por el culillo de Culillo), y c) que mola conocer grupos nuevos que hacen buena música.
Un poco de repaso.
Empezamos el viernes a las tres con un atascazo para salir de Madrid de flipar. Tras largas horas y kilómetros de carretera en obras llegamos a Miranda, donde recogimos las pulseras y plantamos la tienda Quechua en el polideportivo, rodeadas de un muestrario de docenas de tiendas iguales del Decathlon. Y tras una cena campera a base de embutido y pan de molde, nos fuimos a ver a Second, y a Culillo en acción.
Second se salieron, como siempre, aunque la gente no estaba aún muy animada y tocaron menos de una hora. Pero mantuvieron el nivelazo en directo al que me tienen acostumbrada. Les vimos desde primera fila, bastante desahogadas y con espacio vital más que suficiente. No subimos a cantar Todas las Cosas, pero al terminar el concierto Andrea lió a Culillo para hacerse una foto conmigo ^^
Luego vimos a Iván Ferreiro que, bueno, a mi Los Piratas me gustaban mucho, y hay algunas de Iván que también me gustan, pero terminé el concierto con la sensación de haber escuchado la misma canción una y otra vez. Eso sí, el hombre tiene unas tablas que no se las salta un torero, y sabe cómo llevar y manejar al público a su antojo. Me moló sobre todo el guitarrista epiléptico que lleva (parecía que le iba a dar un tabardillo de lo que se emocionaba el hombre). XD
Con La Habitación Roja claudicamos, después de tantas horas despiertas y tanta tralla encima. No se oía muy bien la voz y entre el cansancio y el agobio de gente decidimos volver a nuestro hogar Quechua. Me dio penica perderme a los Lori Meyers, pero no tenía ya el chichi pa' farolillos.
El sábado a mediodía vimos al grupo sorpresa (por ser el décimo aniversario del festival) que eran Supersubmarina. Me gustó bastante, tanto la experiencia de ver un concierto a la hora del vermú, como el grupo aunque no había escuchado nada de ellos. Después del concierto, de un vinico y de hora y media de colas, pudimos comer una paella en la plaza del pueblo, escuchando más música y disfrutando de algún rayo de sol despistao.
Y tras una buena siesta y otro sandwich de cena, volvimos a la zona de conciertos para ver primero a The Heavy. Se dice, se comenta, se rumorea que la gente se quejó por este grupo, porque no tenía que ver con el resto de grupos del festival, pero a mí me gustaron bastante. Tienen un estilo funky bailable que animó bastante el cotarro, y el cantante, que era un crack, no hizo disfrutarlo aún más.
Tras The Heavy llegaron The New Pornographers, que estuvieron bien, muy majetes ellos, haciendo esfuerzos comunicativos en castellano... ¿Quieres una mansana?; y Love of Lesbian, los cabeza de cartel del festival, con los que me entraron sinceras ganas de suicidarme, vaya panda de mataos (será que tengo poco de modernilla o algo). Mu pesaos, en serio. Será que yo necesito pop ligerito y optimista, y que las letras sesudas y esa actitud de intelectuales me matan de aburrimiento (joder, vaya rajada que me he pegado y que a gusto me he quedado). Pero bien, vamos, que para gustos los colores :P
Y por último, junto a Supersubmarina y The Heavy, el gran descubrimiento del festival: We Are Standard. La actitud/cachondeo/megaborrachera (o una mezcla de los tres) del cantante casi hace que nos meemos de la risa y nos hicieron bailar con todo el cansancio que llevaba en el cuerpo (lo cual fue casi una proeza), a pesar de lo pasada que iba ya toda la peña a esas horas de la madrugada. Y encima este sábado les podemos ver de gratis en Madrid. Habrá que disfrutarlos.
Y creo que ya es suficiente. Sólo un poco de buena música (y vídeo chulo) para pensar que ya queda menos para el viernes...