viernes, 31 de marzo de 2017

Despidiendo Marzo.

Como siga corriendo el año así, en breve me veo con el gorro de Papá Noel otra vez...

En fin, que hoy me despido de marzo, espero que también de los fríos y las nevadas, de los almendros en flor y de los árboles pelados, que ya están todos brotados. Y pongo la vista en Abril, en el cumple de mi peque el lunes, mis vacaciones de Semana Santa que empiezan el viernes que viene, las lluvias que vendrán y fastidiarán procesiones, y la preparación del viaje a Francia para el puente de Mayo.

Ná, que de aquí al verano yastá to'l pescao vendío.

Nieve, domingos al sol, pueblico, mimosas, valores personales, más flores, excursiones, tardes de parque y cocinillas.

martes, 28 de marzo de 2017

Yogueando.

Uno de mis propósitos de este año (de esos que no hago porque luego no los cumplo) era hacer algo con mi vida y mi cuerposcombro. Y con algo me refiero a una actividad mínimamente deportiva. Rápidamente, y por experiencia previa, descarté ir al gimnasio y cualquier otra cosa que no estuviera previamente programada y dependiera exclusivamente de mi voluntad (léase correr, ir a nadar o a montar en bici).

Así que me quedaba la opción de ir a clase, que como suele ser un día concreto a una hora concreta, si me organizo, me siento más obligada a ir. Estuve mirando baile (me mola la idea del swing, el Lindy Hop o algo por el estilo, pero no me cuadraba mucho y en Alcorcón no ha mucha oferta de estas modernidades). Mi cuñao también intentó convencerme de convertirme en un arma letal con el wing chun, pero no me veía yo en esas.

Finalmente me decanté por el yoga, que ya había probado una vez con Niki (gran profe de yoga), y a pesar de tener la flexibilidad del palo de una escoba, me gustó bastante. Busqué un sitio cerca de casa y con un horario compatible con el de Dani y la chiquinina, que no fuera demasiado esotérico (esto descartaba varios sitios que hacían tarot y reiki), porque lo que quiero es mover un poco mi oxidado cuerposcombro, no encontrar la iluminación (de momento). Así que desde finales de febrero, llevo ya un mes yendo a mi clase semanal de yoga. De momento no me da la vida para más, pero todo se andará en el futuro.

Y me está gustando mucho. Salgo de las clases con las pilas cargadas de energía y muy relajada. El profe es majo y va adaptando las asanas a nuestro nivel, sin forzar nada. Y tengo una hora a la semana que es solo para mí, cosa que empezaba a necesitar, después de casi dos años de simbiosis con mi pequeña. En fin, que no creo que nunca llegue a hacer cosas muy complicadas, pero de momento cumple con mis objetivos y me siento muy bien haciéndolo, así que seguiré por lo menos hasta verano y luego ya veré si me animo algún día más a la semana o me apunto a alguna de las clases de Niki al aire libre, que tienen que molar bastante.

Y ya. Bueno, namasté. :P

jueves, 23 de marzo de 2017

Soy una cocinillas... hoy, galletas de dos ingredientes.

No recuerdo cuando fue la última vez que publiqué una receta. La verdad es que desde que nació la chiquinina no tengo mucho tiempo para cocinar (ni muchas ganas). Pero bueno, de vez en cuando algo hago. Hoy tenía unos plátanos pasados y he buscado cómo aprovecharlos. Y la verdad es que más fácil no puede ser. El nombre de la receta dice que es de dos ingredientes, pero pueden ser tres, según gustos. Ya lo explico.

Ingredientes:
100 gramos de copos avena.
2 plátanos maduros.
Opcional, nueces o pasas.

Preparación:
Precalentar el horno a 190 grados. Se machacan los plátanos con un tenedor en un bol y se mezcla con los copos de avena. Añadir un puñado de nueces en trozos o de pasas y mezclar. En una bandeja de horno, cubierta con papel para horno, se ponen montoncitos de masa del mismo tamaño. Se pueden aplastar un poco si queremos las galletas gorditas o poner por encima otro papel de horno y pasar el rodillo si las queremos más finas. Se hornean 20 minutos si son gorditas y 15 las finas. Cuando estén, se saca la bandeja del horno y se dejan enfriar un poco las galletas en ella porque al principio están blandas y se pueden romper.

La mezcla de plátano y avena. 
Los trozos de masa un poco aplastados, al horno. 
Y así han quedado. 

Están bastante ricas, me gustan a mí y eso que no me gusta el plátano, y para los peques están muy bien porque es fruta y fibra sin azúcar ni otras guarrerias.

lunes, 20 de marzo de 2017

Un mes después...

No, no he dejado el blog, ni lo tengo previsto. Últimamente tengo poco tiempo y poca inspiración, pero como esto va por rachas no me preocupa mucho, ya volveré a tener más tiempo y se me ocurrirán más chorradas para contar por aquí.

Pero no podía dejar pasar el inicio de la primavera sin venir a celebrarlo un poco aquí. Y más con el buen tiempo que nos ha hecho estos días, estando de puente y en el pueblo. No se puede pedir mucho más. Aunque esta semana vuelve el tiempo más normal para esta época, y nos tocará pasar frío y lluvia aún, pero ya va quedando menos para que vuelva el verano :)

Y que en el pueblo bien, disfrutando de la vida apacible, comiendo cosas ricas, celebrando el día del padre, visitando Salamanca y madrugando como gallinas (esto último patrocinado por la chiquinina).


Y ya. Espero no tardar mucho en volver por aquí.