martes, 1 de febrero de 2011

Al rico solete invernal.

Últimamente mi cuerpo ha sufrido un aumento de masa, de medidas a lo ancho, que en ciertas partes mola, he redescubierto un escote que no sabía que iba a volver a salir, pero que a nivel de lorza abdominal ya no me produce tanto regocijo... Ains.

Que sí, que ya sé que antes me faltaba algún kilillo, que dejar de fumar tiene infinitos beneficios para mi cuerpo y este pequeño inconveniente, que no voy a dejar de comer lo que me salga de... esta frase no va por buen camino... lo que se me antoje, los riojas con tapa, las cañitas con pincho, las guarrerias varias, los absolutcontónica del Gato, las lentejas de mamá, los albariños con pulpo y un largo etcétera que no hace falta enumerar. Arg.

Por ello, ya que no me encuentro con ganas de privarme de comer y beber, decidí que tendría que aumentar mi actividad física, que desde que terminó mi rotación en la interconsulta se ha reducido a menos tres. Jo.

Y, a todo esto, alguien se preguntará ¿qué cohones tiene que ver esto con el título del post? ¿Ein?

Pues que, a falta de piscina municipal y aprovechando el buen tiempo, me estoy aficionando a los paseos al solete por el centro al salir de currar. Porque da gustico caminar con el sol caldeando el cuerpo cuando te paras en un semáforo. Y mola ver el paisaje urbano del centro a mediodía. Y me gusta mirar a la gente con la que me cruzo. Y anima escuchar a Supersubmarina de fondo. Y después de una hora andando a buen ritmo te sientes mejor, como más activa y satisfecha. Supongo que serán los opiáceos endógenos esos. ¡Bien!

Y si esto no funciona, siempre me consuela pensar en la visión que tiene mi niño de mi ganancia de peso: le gusto más porque hay más de mí XD

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