sábado, 14 de marzo de 2015

Cuando la realidad acojona.

Llevo una semana durmiendo fatal. Entre las veces que me levanto a hacer pis, el calor y los sofocos, la peque que me patea la costilla o le entra hipo, y mis propios ronquidos o los de Dani, llevo ya unas cuantas noches que no duermo más de dos horas seguidas. Supongo que me viene bien como práctica, porque dentro de un mes será así todas las noches durante unos meses, pero me jode no poder descansar ahora que puedo.

El culmen fue el jueves por la noche, que me desperté a las seis y ya no pude dormir más. Creo que aparte de todo lo anterior, tiene que ver con la visita que hice esa tarde al paritorio en el hospital. Es una visita que hacen en la semana 36 los matrones, para que el día del parto vayamos sabiendo lo que nos espera. Está muy bien porque te permite concretar muchas cosas, y acojona porque de repente todo es muy real. Después Dani se reía un poco de mi, porque me puse bastante ñoña, y me preguntaba si no me había dado cuenta de que iba a ser mamá (con la peazo panza que me gasto ya). Y me di cuenta que no. No he interiorizado que voy a parir y a tener una hija. Hasta ahora sólo había asumido que estaba embarazada de una chiquinina. Que parece lo mismo, pero no lo es...

El hecho de estar allí, aparte de hacer que me visualizara a mí misma en el momento del parto, también me hizo ser más consciente de las cosas que pueden ir mal, porque también nos enseñaron el quirófano y la unidad de neonatos. Todo tiene su parte buena y mala, me confirmaron cosas que me gustan bastante de mi hospital (intentan partos de baja intervención, la unidad de neonatos es de puertas abiertas para los padres, dicen que apoyan la lactancia materna...), pero también me hizo bajar de mi nube rosa del embarazo y darme de morros contra la realidad de mi futura maternidad.

Buf...


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