lunes, 29 de diciembre de 2008

De la familia.

Carlitos está sentado en la mesa de la cocina. Intenta hacer bien los deberes ya que su profe, la señorita Lola, tuvo una charla con sus padres hace un par de semanas. No está haciendo las tareas para casa, había dicho, y en clase se duerme o está mirando a las musarañas todo el día. No es que sea apasionante, pero a Carlitos no le desagrada ir a clase. Allí tiene a sus amigos y a la seño, que no es poco. Y media hora de fútbol todos los días en el recreo.

Su madre acaba de llegar a casa y está hablando con la chica que lleva toda la tarde con él. Bueno, haciendo como que está con él, más bien. Por lo menos le deja jugar tranquilo a la consola mientras ve la telenovela. Al oír la puerta de la calle cerrarse Carlitos agacha la cabeza sobre su cuaderno de caligrafía. La chica se ha ido a su casa y mamá empieza a hacer cosas. Siempre está haciendo muchas cosas. Carlitos piensa que es una supermamá: nunca la ve dormida, nunca la ve cansada, siempre con sus trajes que huelen tan bien, siempre subida a sus zapatos tan altos y de colores.

Hoy, como algunos días, tiene los ojos abiertos como platos y las manos le tiemblan. Se le cae una copa de vino al suelo y grita algo sobre Dios. Carlitos agacha aún más la cabeza. Perdona, cielo, dice mamá acariciándole el pelo cariñosamente, es que estoy un poco nerviosa, y corre a recoger el desastre. Pero Carlitos oye las llaves en la cerradura de la puerta y siente que su corazón se acelera. Es papá.

Carlitos quiere a su papá, aunque a veces haga cosas que no entiende. Sabe que le tiene que querer, que él lleva la comida a casa y que si no fuera por él estarían tirados debajo de un puente. Tiene que trabajar mucho para nosotros, piensa Carlitos, y debe ser muy duro porque lo dice casi todos los días. Además, su papá a veces le lleva al cine y algunos domingos después de misa juega al fútbol con él en el parque. Algunos...

Pero a Carlitos no le gusta cuando entra en la cocina y huele muy fuerte, como hoy. No le gusta que grite a su mamá según entra por la puerta. No le gusta que pregunte de esa forma que por qué no está la cena hecha y qué ha estado haciendo mamá todo el día. No le gusta que le grite que qué está mirando y le mande a su cuarto, aunque Carlitos siempre corre a encerrarse en él y se mete debajo de las sábanas, intentando no escuchar. No le gusta oír gritos y golpes, cosas rompiéndose hasta que oye un portazo y sabe que no verá a papá hasta mañana y que mamá estará en la cocina con los ojos rojos.

Carlitos vuelve a oler algo raro y se da cuenta que se ha hecho pis encima. Y se pregunta cómo sus amigos pueden terminar los deberes todos los días.

*****


Me ha salido un poco dramático, pero llevaba unos días dándole vueltas después de ver lo de la misa de las familias. Sé que es un estereotipo cruel, pero me parece igual de estereotipo e igual de cruel que pensar que todos los gays son unas locazas inadaptadas e irresponsables, y no que son personas adultas y maduras, con capacidad suficiente para querer y educar a sus hijos. Porque los niños es lo único que necesitan: cariño, tiempo y educación, y hoy en día es lo que más les falta, en una familia tradicional o no.

Me parece muy injusto que se juzgue a las personas sólo por su orientación sexual. Igual de injusto que lo que da a entender el relato: que todos los católicos son unos hipócritas, que mucho ir a misa y luego en casa caen los palos. A muchos heterosexuales conozco que les deberían haber examinado del carné de padre, antes de dejarles follar sin condón. Y no me refiero a cosas tan fuertes como malos tratos o abandonos (físicos o emocionales). Que venga alguien y te diga: No, es que se nos murió el perrito y decidimos tener un hijo, da mucho que pensar sobre lo que algunos piensan que es tener un hijo.

Afortunadamente no todos son así, ni unos ni otros. Afortunadamente queda por el mundo gente con dos dedos de frente y capacidad para criar a sus niños. Algunos, pero quedan.

1 comentario:

Chubasco dijo...

Como diria tu "amigo" Rouco :P
AMEN